En la inmensidad de la totalidad es posible oír el sonido de la nada, el sonido insonoro, pero para entenderlo es preciso ejercer una concentración perfecta de la mente sobre un objetivo interno, acompañada de la completa abstracción de todas las percepciones del mundo exterior.

De ese modo, cuando se consiguen dejar de oír los muchos sonidos y ruidos exteriores, entonces es posible discernir el sonido interior de las cosas, que anula a los exteriores, pero antes de que ese sonido se pueda captar, debe haberse alcanzado la armonía interior, y tanto los oídos físicos como la mente han de estar cegados a toda ilusión.

Esta armonía interior es un estado en el que ni los objetos percibidos por los sentidos, ni las sensaciones fisiológicas, ni las emociones, pueden perturbar la concentración del pensamiento. https://www.facebook.com/AngelLuisfernandezA1/photos/3190843917645367/